John Lennon
Hola Manuel.
¿Cómo va todo? Yo por aquí a darte un poco la lata, como siempre.
Ando liado a ver si reabro esto o no. Me recuerda en un email nuestra común y querida amiga Paz, que cuando medio cerré la bitácora le dije en una ocasión que si había una persona por la que sería capaz de abrir Le Téléphone esa persona eras tú. Y ya ves, así es la cosa. He de reconocer que no soy persona de mucha palabra, pero en esta ocasión tengo que cumplir con la que di.
Leo y escucho por ahí que has dicho que hasta aquí hemos llegado. Que esto ha sido todo y que ahora tiren del carro los demás. Tú, tan amante del teatro, has hecho mutis por el foro.
Pero eso es lo que dice la gente. Allá ellos si se lo creen. Yo sé que andas por aquí, pensando una nueva entrada, buscando la cabecera definitiva para tus Apuntes de bolsillo (me has vuelto a colar el color amarillo con lo que me costó convencerte para que lo quitaras), leyendo a unos y comentando a otros. Poco, eso sí. Has de reconocer que no eres muy dado a dejar tu opinión en otras bitácoras, aunque como muy bien dices en muchas ocasiones, para qué hacerlo cuando no se puede aportar nada nuevo al texto original.
Y sobre todo te estarás poniendo de los nervios al ver como muchos escribimos rematadamente mal. Sé que esas es una de tus obsesiones. El cuidado por el lenguaje y las formas al escribir. Pero reconóceme que tú eres todo un maestro y profesional del tema y que los demás somos unos simples aficionados.
No me extrañaría nada que cuando leas esto, como en otras ocasiones, me mandes un correo para decirme que aquí hay una falta, que esa frase está mal construida, que aquella idea no queda nada clara, que el texto es muy largo... Lo habitual. Pero sabes que a estas alturas difícil es que pueda cambiar. Aunque no lo descartes. Buen maestro tengo, y aunque solo sea por imitación, espero que algo se me pegue.
Y sí, me refiero a ti. Porque sabes que como maestro te tengo. Para mucha gente de la blogosfera te has convertido en un referente. Por tu forma de escribir. Por tu sabiduría. Por tener un punto de vista de las cosas realmente interesante y que es difícil de encontrar en otros periodistas.
Porque ante todo eres periodista. De esos que ya no hay. Y un maestro para todos nosotros. De eso no hay duda.
Como bien dice Martín Ramis en su bitácora: “…cuando uno lee el blog de Manuel Ortiz se da cuenta que de una manera o de otra, los rebeldes salen a flote porque tienen talento para quedar en la memoria de muchos que los quisieron y, en el fondo, los admiraron.” Y eso eres tú. Un rebelde inconformista que aspira a un mundo mejor. Yo de mayor quiero ser como tú, Manuel.
Te conocí allá por enero del 2008 a través del blog de Almazán. Y hasta ahora. He de reconocer que al principio me causabas un respeto (no sé si decir miedo) tremendo. Me lo pensé más de dos veces antes de dejar el primer comentario en tu bitácora. Tu manera de escribir y tu claridad de ideas son tan rotundas, que uno piensa que va a meter la pata al comentarte algún escrito. Y de hecho, más de una vez la he metido. Como tampoco se trata de flagelarse, omitiré ahora esas meteduras de pata. Si algún lector quiere saber de ellas, que relea los Apuntes de bolsillo. Cosa muy recomendable. Siempre se descubre algo nuevo e interesante.Pero con el tiempo he ido perdiéndote el miedo (que no el respeto) y he de reconocer que paso buenos ratos leyéndote y comentándote. Me siento realmente bien en esas mini-entradas que etiquetas como menudencias y que recomiendo a tus lectores que relean. He de reconocerte que en ellas me crezco y sé que es ahí donde te puedo pillar alguna vez. Aunque tú, con tu cráneo privilegiado que diría tu admirado Valle Inclán, enseguida tienes una respuesta rápida a mi comentario. Me gusta ese Ortiz. El ingenioso. El que sabe usar el humor y el sarcasmo con la elegancia que lo haces tú.
Ya ves que me he permitido robarte una foto de tu bitácora para acompañar esta entrada. Es la foto que pusiste en tus Apuntes con motivo de tu primer aniversario en la blogocosa. En la original sales rodeado de alumnas, pero he tenido que recortarla. Que quieres que te diga, te permito que escribas mucho mejor que yo, pero que le resultes más atractivo a las mujeres, eso no te lo paso.
También he de decirte que me enorgullece (también hay algo de inmodestia) leer en los Apuntes de bolsillo frases como esta dedicada a mis hijos: “…me consta que es usted un hombre muy joven, que sueña con la sana y alegre libertad de su hijo en un patio de colegio no demasiado lustroso, donde se pillen de vez en cuando unas saludables y buenas diarreas a base de comer barro, y en donde críos y crías se busquen por debajo de las faldas esas cositas que a la larga ―¡uy, que he dicho!― les van a alegrar la vida y la de los otros niños que jueguen como ellos en un patio de colegio no demasiado limpio…” Esta vez soy yo el que te corrijo. “Uy” es con “h”. Huy. Ortiz… que esas faltas son imperdonables.
Dejaste tu primer comentario en Le Téléphone allá por el mes de febrero de ese mismo año. La cosa era así: “A estas horas de la mañana, y tras un frugal café con leche, no tengo estómago como para leer las chorradas de Cañete y sus Chiripitifláuticos. El PP, sin embargo, comienza ya descaradamente a convertirse en una parodia de sí mismo. Entre Don Pimpón, Joe Zaplanah, Mijose, doña Cuaresma y el curita Cañí, no comprendo cómo Santiago Segura no toma buena nota y nos ofrece un nuevo capítulo de sus pedorreras películas utilizando a esta gente. Le sobran actores.” Ortiz cien por cien. No hay duda. Y siguieron algunos más.
Este tras una resaca electoral y en el que hablas de tu gran pasión: “Seleccionando jazz de vez en cuando siempre tendrás al menos un lector: el menda.”
Otros realmente divertidos y en el que dejabas claras tus preferencias para el más allá: “Otra que tal, la Rita. Otra despendolada pecadora, mujer de mala vida, pécora, viciosa y provocativa; encarnación del deseo libidinoso y promíscuo... y quien será de las primeras por las que pregunte, nervioso, nada más llegar a ese lugar tan calentito, imperio de Lucifer, en el deseo de que se siga conservando de tan buen, de tan magnífico VER.”
Geniales y surrealistas como éste: “…al oír la primera estrofa he parado la música. He buscado desesperadamente en San Google una foto de doña Rita de cuerpo entero; la he copiado, pegado, ampliado hasta un tamaño 1,50 por 60 metros; grabado en un pincho (también llamado, creo, 'pen drive'); bajado a un servicio de tratamiento de fotografías digitales; imprimido la tal foto a tamaño natural; enrollado y transportado bajo mi brazo; subido a toda prisa las escaleras de mi casa, donde he vuelto, sudorosos, a poner la canción de la Pavone. Y aquí me tiene, feliz y contento, bailando a lo agarrado con este explosivo símbolo sexual de los 60, mientras le susurro la oído toda clase de románticas palabras terminadas en 'ar'.”
Consejos que siempre intento seguir: “Por lo tanto, no hay consejos que valgan al respecto. Sólo aprovechar la ocasión y disfrutarla. Siempre hay alguien o algo encargado de que ese tiempo sea breve.”
Otros delirantes y que están grabados con letras de oro en los comentarios de Le Téléphone: “Según una teoría reciente del preeminente investigador Otto Von Biernkoff Daaschedule, en la momia de Wagner se ha encontrado, incrustado en uno de sus molares, un palillo de dientes. Y estudios aún más detallados han corroborado lo que era un secreto imposible de guardar por más tiempo: Wagner compuso la mayor parte de su obra en una finca de Torrelodones. Parece ser que luego viajó por tierras andaluzas. Y allí tomó contacto con un bandolero que le robó la cartera pero que le enseñó a arrancarse por bulerías. Desde entonces, la pasión de Wagner por España le convierte en uno de los compositores más genuinamente españoles.”
Insisto, delirantes: “Pues yo la verdad es que con los tartarrestres me he llevado siempre la mar de bien. Durante la guerra de Liberación de Moldavia -¡ah, que años aquellos!- estuve compartiendo dacha y mantel con un tartarrestrito muy suyo él, Segismundín le llamaba su tía por parte de yerno, de yerno de Mambrino. Era todo dulzura, hasta el punto de que un primo suyo de Albarracín que se había casado con una jenízara le advirtió un día de que no debía chuparse sus nobles partes tan en demasía. Pero nuestro tartarrestirín seguía erre que erre y ese con ese hasta casi licuarse. ¡Era tan bueno, tan rico como un pocoyó, aunque no tan alto ni tan gentilhombre! Un día desapareció de nuestra choza. No le volvimos a ver. Pero todos los veintidos de marzo ponemos una velita al santo patrón para que le ayude en su atribulada vida de olfateador de setas. ¡Un gran tipo, sí, un gran hombre o lo que fuera, aquel tartarrestrín!”
Unos sin pelos en la lengua y realmente definitorios de tu forma de pensar: “Mira, yo un día me crucé por la calle, en Donosti, con Otegui. Preferí mirar al suelo. Vi una mierda de perro. Me pareció hermosísima.”
Consejos de amigo que no sabes cuánto aprecio: “Sé que es una putada lo que te ocurre. Pero puedes estar tranquilo: crecen. Y los recuperas. Te lo digo por experiencia.”
Y surrealistas al más puro estilo Ortiz: “Acabo de encontrar "REPANTINGARME". Me ha gustado tanto la palabra que no sólo voy a seguir con su ejemplo sino que además me la voy a comer con pan y mantequilla, que lo está pidiendo a gritos.”
Cuando celebré el primer aniversario de Le Téléphone pensaba por momentos que no ibas a participar con un texto. Pero mis temores se desvanecieron cuando me llegó tu correo. Me regalaste una entrada maravillosa. No quiero despreciar las que hicieron el resto de blogueros, pero la tuya tenía algo de personal e íntimo que la hacía realmente especial. Mi comentario a esa entrada fue el siguiente: “Muchas gracias por tu entrada Manuel. Sabes que me ha gustado de manera especial y hasta me ha emocionado. Se supone que estos sentimientos uno se los debe de guardar para sí y no hacer exhibicionismo con ellos. A lo mucho compartirlos con la persona que los ha causado. Pero me apetecía de manera especial decírselo a la gente que me lee (en este caso, te lee) y que puedo considerar amigos.
Porque como bien dices en tu entrada: "Al final, solo nos quedan los amigos". Y esos nunca fallan. Estén aquí o nos hayan dejado ya. Si los tenemos aún con nosotros, porque siempre nos echarán una mano y los tendremos ahí para lo que haga falta. Si nos han dejado ya, porque seguro que una parte importante de nosotros está hecha de esos amigos que nos faltan. Sus enseñanzas, sus consejos, sus risas, los buenos momentos pasados junto a ellos... Todo entra a formar parte de nuestra manera de ser y nos hace, dentro de lo posible, mejores personas.”
Como te he escrito más arriba, dicen por ahí que nos has dejado. Yo sé que es mentira. Que sigues aquí, a nuestro lado. Aunque te quiero dejar muy claro una cosa. Si alguna vez se te ocurre dejarnos deberías saber que me harás una putada muy gorda. Sí, lo sé. No debería usar tacos en lo que escribo. Pero esta vez no te voy a hacer caso. Repito que me harás una putada muy gorda. A mí y a mucha gente más. A Antonio Flórez, Antonio Rodríguez, Frilanser, Gemma, Juan Tur, Juan Carlos, Juanje, María, Martín, Otis B. Driftwood, Paz, Petrusdom, Rafa, Santi, la Sobrecogida y el Croissant... y a un montón más de lectores y admiradores tuyos que harían la lista interminable.
Así que tenlo en cuenta, Ortiz. El día que nos dejes será un día muy jodido. Me sentiré realmente mal por perder a alguien a quien quiero. No ya a alguien a quien admiro y del que aprendo todos los días. A alguien, que a pesar de la distancia, quiero realmente por haberse convertido en una parte muy importante de mi vida. Cuando llegue ese día sé que lloraré. Mucho. Como pocas veces lo haya hecho. Y pensaré que el mundo es una mierda. Sentiré que me falta algo, que me falta alguien y que las despedidas son siempre realmente jodidas.
Un fuerte abrazo, amigo.
Ike Quebec - Lloro tu despedida © Blue Note 1962




















