viernes 3 de julio de 2009

Carta a Manuel Ortiz

La vida es aquello que te va sucediendo mientras tú te empeñas en hacer otros planes.
John Lennon

Hola Manuel.

¿Cómo va todo? Yo por aquí a darte un poco la lata, como siempre.
Ando liado a ver si reabro esto o no. Me recuerda en un email nuestra común y querida amiga Paz, que cuando medio cerré la bitácora le dije en una ocasión que si había una persona por la que sería capaz de abrir Le Téléphone esa persona eras tú. Y ya ves, así es la cosa. He de reconocer que no soy persona de mucha palabra, pero en esta ocasión tengo que cumplir con la que di.

Leo y escucho por ahí que has dicho que hasta aquí hemos llegado. Que esto ha sido todo y que ahora tiren del carro los demás. Tú, tan amante del teatro, has hecho mutis por el foro.
Pero eso es lo que dice la gente. Allá ellos si se lo creen. Yo sé que andas por aquí, pensando una nueva entrada, buscando la cabecera definitiva para tus Apuntes de bolsillo (me has vuelto a colar el color amarillo con lo que me costó convencerte para que lo quitaras), leyendo a unos y comentando a otros. Poco, eso sí. Has de reconocer que no eres muy dado a dejar tu opinión en otras bitácoras, aunque como muy bien dices en muchas ocasiones, para qué hacerlo cuando no se puede aportar nada nuevo al texto original.
Y sobre todo te estarás poniendo de los nervios al ver como muchos escribimos rematadamente mal. Sé que esas es una de tus obsesiones. El cuidado por el lenguaje y las formas al escribir. Pero reconóceme que tú eres todo un maestro y profesional del tema y que los demás somos unos simples aficionados.
No me extrañaría nada que cuando leas esto, como en otras ocasiones, me mandes un correo para decirme que aquí hay una falta, que esa frase está mal construida, que aquella idea no queda nada clara, que el texto es muy largo... Lo habitual. Pero sabes que a estas alturas difícil es que pueda cambiar. Aunque no lo descartes. Buen maestro tengo, y aunque solo sea por imitación, espero que algo se me pegue.
Y sí, me refiero a ti. Porque sabes que como maestro te tengo. Para mucha gente de la blogosfera te has convertido en un referente. Por tu forma de escribir. Por tu sabiduría. Por tener un punto de vista de las cosas realmente interesante y que es difícil de encontrar en otros periodistas.
Porque ante todo eres periodista. De esos que ya no hay. Y un maestro para todos nosotros. De eso no hay duda.
Como bien dice Martín Ramis en su bitácora: “…cuando uno lee el blog de Manuel Ortiz se da cuenta que de una manera o de otra, los rebeldes salen a flote porque tienen talento para quedar en la memoria de muchos que los quisieron y, en el fondo, los admiraron.” Y eso eres tú. Un rebelde inconformista que aspira a un mundo mejor. Yo de mayor quiero ser como tú, Manuel.

Te conocí allá por enero del 2008 a través del blog de Almazán. Y hasta ahora. He de reconocer que al principio me causabas un respeto (no sé si decir miedo) tremendo. Me lo pensé más de dos veces antes de dejar el primer comentario en tu bitácora. Tu manera de escribir y tu claridad de ideas son tan rotundas, que uno piensa que va a meter la pata al comentarte algún escrito. Y de hecho, más de una vez la he metido. Como tampoco se trata de flagelarse, omitiré ahora esas meteduras de pata. Si algún lector quiere saber de ellas, que relea los Apuntes de bolsillo. Cosa muy recomendable. Siempre se descubre algo nuevo e interesante.
Pero con el tiempo he ido perdiéndote el miedo (que no el respeto) y he de reconocer que paso buenos ratos leyéndote y comentándote. Me siento realmente bien en esas mini-entradas que etiquetas como menudencias y que recomiendo a tus lectores que relean. He de reconocerte que en ellas me crezco y sé que es ahí donde te puedo pillar alguna vez. Aunque tú, con tu cráneo privilegiado que diría tu admirado Valle Inclán, enseguida tienes una respuesta rápida a mi comentario. Me gusta ese Ortiz. El ingenioso. El que sabe usar el humor y el sarcasmo con la elegancia que lo haces tú.
Ya ves que me he permitido robarte una foto de tu bitácora para acompañar esta entrada. Es la foto que pusiste en tus Apuntes con motivo de tu primer aniversario en la blogocosa. En la original sales rodeado de alumnas, pero he tenido que recortarla. Que quieres que te diga, te permito que escribas mucho mejor que yo, pero que le resultes más atractivo a las mujeres, eso no te lo paso.

También he de decirte que me enorgullece (también hay algo de inmodestia) leer en los Apuntes de bolsillo frases como esta dedicada a mis hijos: “…me consta que es usted un hombre muy joven, que sueña con la sana y alegre libertad de su hijo en un patio de colegio no demasiado lustroso, donde se pillen de vez en cuando unas saludables y buenas diarreas a base de comer barro, y en donde críos y crías se busquen por debajo de las faldas esas cositas que a la larga ―¡uy, que he dicho!― les van a alegrar la vida y la de los otros niños que jueguen como ellos en un patio de colegio no demasiado limpio…” Esta vez soy yo el que te corrijo. “Uy” es con “h”. Huy. Ortiz… que esas faltas son imperdonables.

Dejaste tu primer comentario en Le Téléphone allá por el mes de febrero de ese mismo año. La cosa era así: “A estas horas de la mañana, y tras un frugal café con leche, no tengo estómago como para leer las chorradas de Cañete y sus Chiripitifláuticos. El PP, sin embargo, comienza ya descaradamente a convertirse en una parodia de sí mismo. Entre Don Pimpón, Joe Zaplanah, Mijose, doña Cuaresma y el curita Cañí, no comprendo cómo Santiago Segura no toma buena nota y nos ofrece un nuevo capítulo de sus pedorreras películas utilizando a esta gente. Le sobran actores.” Ortiz cien por cien. No hay duda. Y siguieron algunos más.
Este tras una resaca electoral y en el que hablas de tu gran pasión: “Seleccionando jazz de vez en cuando siempre tendrás al menos un lector: el menda.”
Otros realmente divertidos y en el que dejabas claras tus preferencias para el más allá: “Otra que tal, la Rita. Otra despendolada pecadora, mujer de mala vida, pécora, viciosa y provocativa; encarnación del deseo libidinoso y promíscuo... y quien será de las primeras por las que pregunte, nervioso, nada más llegar a ese lugar tan calentito, imperio de Lucifer, en el deseo de que se siga conservando de tan buen, de tan magnífico VER.”
Geniales y surrealistas como éste: “…al oír la primera estrofa he parado la música. He buscado desesperadamente en San Google una foto de doña Rita de cuerpo entero; la he copiado, pegado, ampliado hasta un tamaño 1,50 por 60 metros; grabado en un pincho (también llamado, creo, 'pen drive'); bajado a un servicio de tratamiento de fotografías digitales; imprimido la tal foto a tamaño natural; enrollado y transportado bajo mi brazo; subido a toda prisa las escaleras de mi casa, donde he vuelto, sudorosos, a poner la canción de la Pavone. Y aquí me tiene, feliz y contento, bailando a lo agarrado con este explosivo símbolo sexual de los 60, mientras le susurro la oído toda clase de románticas palabras terminadas en 'ar'.”
Consejos que siempre intento seguir: “Por lo tanto, no hay consejos que valgan al respecto. Sólo aprovechar la ocasión y disfrutarla. Siempre hay alguien o algo encargado de que ese tiempo sea breve.”
Otros delirantes y que están grabados con letras de oro en los comentarios de Le Téléphone: “Según una teoría reciente del preeminente investigador Otto Von Biernkoff Daaschedule, en la momia de Wagner se ha encontrado, incrustado en uno de sus molares, un palillo de dientes. Y estudios aún más detallados han corroborado lo que era un secreto imposible de guardar por más tiempo: Wagner compuso la mayor parte de su obra en una finca de Torrelodones. Parece ser que luego viajó por tierras andaluzas. Y allí tomó contacto con un bandolero que le robó la cartera pero que le enseñó a arrancarse por bulerías. Desde entonces, la pasión de Wagner por España le convierte en uno de los compositores más genuinamente españoles.”
Insisto, delirantes: “Pues yo la verdad es que con los tartarrestres me he llevado siempre la mar de bien. Durante la guerra de Liberación de Moldavia -¡ah, que años aquellos!- estuve compartiendo dacha y mantel con un tartarrestrito muy suyo él, Segismundín le llamaba su tía por parte de yerno, de yerno de Mambrino. Era todo dulzura, hasta el punto de que un primo suyo de Albarracín que se había casado con una jenízara le advirtió un día de que no debía chuparse sus nobles partes tan en demasía. Pero nuestro tartarrestirín seguía erre que erre y ese con ese hasta casi licuarse. ¡Era tan bueno, tan rico como un pocoyó, aunque no tan alto ni tan gentilhombre! Un día desapareció de nuestra choza. No le volvimos a ver. Pero todos los veintidos de marzo ponemos una velita al santo patrón para que le ayude en su atribulada vida de olfateador de setas. ¡Un gran tipo, sí, un gran hombre o lo que fuera, aquel tartarrestrín!”
Unos sin pelos en la lengua y realmente definitorios de tu forma de pensar: “Mira, yo un día me crucé por la calle, en Donosti, con Otegui. Preferí mirar al suelo. Vi una mierda de perro. Me pareció hermosísima.”
Consejos de amigo que no sabes cuánto aprecio: “Sé que es una putada lo que te ocurre. Pero puedes estar tranquilo: crecen. Y los recuperas. Te lo digo por experiencia.”
Y surrealistas al más puro estilo Ortiz: “Acabo de encontrar "REPANTINGARME". Me ha gustado tanto la palabra que no sólo voy a seguir con su ejemplo sino que además me la voy a comer con pan y mantequilla, que lo está pidiendo a gritos.”

Cuando celebré el primer aniversario de Le Téléphone pensaba por momentos que no ibas a participar con un texto. Pero mis temores se desvanecieron cuando me llegó tu correo. Me regalaste una entrada maravillosa. No quiero despreciar las que hicieron el resto de blogueros, pero la tuya tenía algo de personal e íntimo que la hacía realmente especial. Mi comentario a esa entrada fue el siguiente: “Muchas gracias por tu entrada Manuel. Sabes que me ha gustado de manera especial y hasta me ha emocionado. Se supone que estos sentimientos uno se los debe de guardar para sí y no hacer exhibicionismo con ellos. A lo mucho compartirlos con la persona que los ha causado. Pero me apetecía de manera especial decírselo a la gente que me lee (en este caso, te lee) y que puedo considerar amigos.
Porque como bien dices en tu entrada: "Al final, solo nos quedan los amigos". Y esos nunca fallan. Estén aquí o nos hayan dejado ya. Si los tenemos aún con nosotros, porque siempre nos echarán una mano y los tendremos ahí para lo que haga falta. Si nos han dejado ya, porque seguro que una parte importante de nosotros está hecha de esos amigos que nos faltan. Sus enseñanzas, sus consejos, sus risas, los buenos momentos pasados junto a ellos... Todo entra a formar parte de nuestra manera de ser y nos hace, dentro de lo posible, mejores personas.”

Como te he escrito más arriba, dicen por ahí que nos has dejado. Yo sé que es mentira. Que sigues aquí, a nuestro lado. Aunque te quiero dejar muy claro una cosa. Si alguna vez se te ocurre dejarnos deberías saber que me harás una putada muy gorda. Sí, lo sé. No debería usar tacos en lo que escribo. Pero esta vez no te voy a hacer caso. Repito que me harás una putada muy gorda. A mí y a mucha gente más. A Antonio Flórez, Antonio Rodríguez, Frilanser, Gemma, Juan Tur, Juan Carlos, Juanje, María, Martín, Otis B. Driftwood, Paz, Petrusdom, Rafa, Santi, la Sobrecogida y el Croissant... y a un montón más de lectores y admiradores tuyos que harían la lista interminable.
Así que tenlo en cuenta, Ortiz. El día que nos dejes será un día muy jodido. Me sentiré realmente mal por perder a alguien a quien quiero. No ya a alguien a quien admiro y del que aprendo todos los días. A alguien, que a pesar de la distancia, quiero realmente por haberse convertido en una parte muy importante de mi vida. Cuando llegue ese día sé que lloraré. Mucho. Como pocas veces lo haya hecho. Y pensaré que el mundo es una mierda. Sentiré que me falta algo, que me falta alguien y que las despedidas son siempre realmente jodidas.

Un fuerte abrazo, amigo.

Ike Quebec - Lloro tu despedida © Blue Note 1962





Sabes que aún tengo en la nevera la entrada que preparé hace algo más de un año para celebrar el ascenso de la Real. El año que viene seguro que subimos. No lo dudes.

martes 12 de mayo de 2009

La chica de ayer

Ha muerto Antonio Vega.
Pero nos queda la chica de ayer para gritar una noche en una décima de segundo. Justo antes de que salga el sol en el sitio de mi recreo.

Nacha Pop - Chica de ayer



Descanse en paz.
Vídeo vía: jules1982

sábado 14 de marzo de 2009

Despedida y cierre

Después de un amago de entrada que por cuestiones técnicas ha fallado y que ha costado algún susto (malgré moi) en ese nido de rojos recalcitrantes llamado Rivas-Vaciamadrid, la entrada ve la luz.

Antes de nada y de soltar todo el rollo que hoy os espera, os dejo una musiquilla en señal de agradecimiento a todos los que me han leído y aguantado a lo largo de este año y pico.

Los Secretos - Solo para escucharLos Secretos – Gracias por elegirme © Dro East West 2002





Pues sí mis queridos niños. El teléfono llorón (como muy bien lo llamó un día mi querido cátalo-pitiuso-castellano Fritus que estoy seguro que acabará cayendo rendido ante mis encantos sexuales) se despide y cierra. Lo cual quiere decir que hoy es día de fiesta chez Adanero. ¿Por qué día de fiesta? Muy sencillo. Porque esto llega a su fin sin que se deba a una mala racha, a un mal momento, a una decisión precipitada, a una falta de inspiración o a cualquier otra razón de ese tipo. Esto cierra con la satisfacción por lo hecho y por lo conseguido. Cierra porque creo que ha cumplido ya un ciclo y quiero dedicar mis energías y la poca imaginación y lucidez que tengo en otros asuntos. Entre ellos, seguirá teniendo su espacio la blogocosa. Aunque en otros campos y con otras motivaciones distintas de las que me llevaban a escribir las adaneradas que aquí podíais leer. Os seguiré leyendo y comentando de vez en cuando, tal vez con menos frecuencia de la deseada, pero no os libraréis de mí.

Cuando esto comenzó una noche, debido a un error y a un empujón de Alucinao, nunca pensé que podía dar tanto de sí. Es más, nunca pensé que fuera capaz de juntar malamente cuatro palabras y que a alguien le pudiera interesar lo que con ellas pudiese contar. Y por lo visto sí. Y lo mejor de todo es que esto nunca ha tenido una línea clara o una filosofía en concreto.
Un día me comentaba la condesita que le gustaba la filosofía de mi bitácora, yo negué rotundamente que la tuviera. Y de tenerla es la misma que me guía a mí día tras día. O sea, la filosofía de la nada. Sé que ella seguirá insistiendo en que esto la tiene, pero yo para seguir llevándola la contraria (cosa que me agrada sobremanera) se lo negaré una dos tres cien trescientas treinta y tres y hasta mil veces.
En un principio se trataba de hacer una bitácora para hablar de ciertas cosas personales, pero estas quedaron descartadas a la segunda entrada pasando a tener fuerza la idea de hacer un blog musical. Esa ha sido la intención, pero creo que tampoco se ha cumplido al cien por cien. Siendo la música parte importante en Le Téléphone, otras cosas la han ido complementando y hasta tapando.

Un objetivo que sí he tenido muy claro es intentar hacer feliz a la gente. Hace ya casi un año comentaba lo importante y satisfactorio que es para mí ver y hacer felices a los que me rodean. Fue en una entrada en la bitácora de Manuel Ortiz (este año no conseguiremos que nuestra Real suba a primera pero tú vas a ganar la Liga, la Copa y la Champions, te lo digo yo) donde dejé eso escrito. Además allí decía que me gustaba el papel de bufón. Selma, una de las primeras lectoras de este blog, me reprendió un día porque yo me dijese a mí mismo que era un bufón. Tal vez dicho así el calificativo pueda sonar extraño, pero ser bufón para mí tiene una gran importancia. Tener la bella misión de hacer que la gente ría, es algo impagable. Además los bufones tenían dos ventajas, podían cortejar a las damas y criticar al poderoso de turno sin que nada les pasase. A lo mucho que les cortasen la cabeza, pero nada más.

No sé si he conseguido hacer feliz a alguien con lo que aquí he escrito y con la música que ha sonado. Espero que sí. Los buenos ratos que hemos pasado juntos y una cierta fidelidad por vuestra parte me hacen creer que así ha sido. Yo por lo menos he puesto todo de mi parte. ¡Y más! Porque decidme ¿en qué blog aparte de Le Téléphone habéis visto que sorteen un jamón entre los lectores? Pues eso.
Aclararos que hace ya un tiempo le hice llegar al injusto ganador del concurso el hermoso pernil. El muy tunante se lo ha callado.

Aunque el motivo principal es, como antes he citado, que esto ha cerrado ya un ciclo, hay alguno más que creo que también ha tenido su importancia. Tal vez haya sido la mezcla de todos ellos lo que me ha llevado a tomar esta decisión.
Una cierta necesidad de tiempo para otros asuntos es uno de ellos. Varios de los lectores de esta bitácora están en la envidiable situación de ser jubilados o prejubilados. Contándolos ahora deprisa y corriendo me salen cuatro o cinco. Vamos, que esto más bien parece el hogar del jubilado. Esta frase, no os quepa la menor duda, es pura provocación. Una especie de morir matando. He de reconocer que siempre me ha gustado provocar a los lectores y crear ciertas “falsas” polémicas.
A lo que iba. Los que aún tenemos pocos años y tenemos que pagar nuestro pecado de ser jóvenes con el trabajo, tenemos el plus añadido de disponer de unas ocho, nueve o diez horas menos de tiempo libre que el honorable club de lectores jubilados. Esto hace que me plantee quitarle tiempo a esto para dedicarme a cosas que, poco a poco y sin darme cuenta, he ido abandonando. Escuchar música (más si es posible), volver a leer con más frecuencia, sacar del baúl de los recuerdos mi guitarra, dedicarme a la fotografía, intentar hacer deporte y unas cuantas cosas más. Esto parece la lista de buenos propósitos de comienzo de año. También espero, dentro de mis posibilidades, dedicarles más tiempo a mis hijos. Cosa por la que sin ninguna duda, y como algunos ya sabréis, abandonaría todo y más.

Otra razón importante es la necesidad de cambiar un poco de aires. De escribir sobre otras músicas y sobre otras cosas. Así que me supongo que de vez en cuando me podréis leer en ese blog de música “culta” que corre paralelo a este. Será bajo otro nombre pero en el fondo será Adanero quien lo haga.

También ha sido importante en la decisión que he tomado la situación personal. O para decirlo de manera más clara, ciertos acontecimientos que han sucedido estos días y que para mí han supuesto un duro golpe. Una mala noticia me ha hecho ver lo importante que es saber aprovechar la vida. Hace unos días he recibido la mala nueva de que un buen amigo tiene una enfermedad grave. Como he dicho un poco más arriba, esto me ha golpeado de manera bastante fuerte. Pero al mismo tiempo me ha servido como catarsis para intentar ver la vida de otra manera. De afrontarla con energía y valentía. Con optimismo. Y tal vez ese optimismo y fuerzas renovadas que he sacado de esa situación tan dura, sirvan para que ese amigo mejore. Estoy seguro que gran parte de la energía que se ha apoderado de mí en estos días, le llegará a él y le ayudará a ser más fuerte de lo que estoy seguro que es.

Todas estas causas que os he contado hasta ahora son las que me llevan a dejar el blog. Creo que ninguna de ellas puede hacer pensar que cierro esto con decepción o como si se tratase de un fracaso. Al contrario. Como ya he dicho antes, lo cierro con la satisfacción de lo hecho y lo conseguido. Y algo muy importante. Con la satisfacción de haberme encontrado aquí con gente realmente maravillosa. Gente de la que he aprendido y aprendo mucho cada día. Con temor a dejarme a alguno en el tintero quiero agradecer a Rafa, Paz, Manuel, Daniel, Gemma, Aída, Antonio, María, Jose, Javier, Andrea, Martine, Pilar, Cristina, Pedro, Luisa, Garbanza, Anabel, Diego, Madalena y alguno más que tal vez ahora se me pase, el haberme leído y aguantado durante este tiempo. Cuando esta bitácora comenzó su andadura, mi estado de ánimo y personal no era el más boyante que uno desee. El título creo que lo dejaba ver claro. Pero gracias a vosotros he aprendido a vivir y he recuperado las ganas por la vida. Creo que hasta la foto de Alejandro, que os recibía en la cabecera con esa mezcla de seriedad y tristeza, ha acabado por sonreír.

Y esto es todo. Ahora, como Sacha Distel, me voy silbando y diciéndole adiós a mis amigos.

Sacha Distel – Adios amigo © Polydor 1962





De todas formas, desde que aquí no se habla del jamón esto ya no era lo mismo.
Venga, que es tarde y hay que cerrar ya.
Un saludo.

miércoles 11 de marzo de 2009

Recuerdo y lágrimas

Ellos te preguntaban que cuando iba a volver papá. Les respondías que se iba a retrasar un poco, que tenía que hacer aún muchas cosas en el trabajo.
Y así un día tras otro.
Difícil fue cuando hubo que decirles que papá ya no iba a regresar, que se había ido para siempre.

Han pasado ya cinco años. Cinco duros años de recuerdos, incomprensiones, soledades, dolor y lágrimas. Ahora ellos ya son mayores y podrías contarles lo que pasó. ¿Pero cómo hacerlo si aún no eres capaz de explicártelo a ti misma?


Gontzal Mendibil/Orfeón Donostiarra/Orquesta Sinfónica de la Radio Eslovaca
Lágrimas al viento © KEINU 2004




Foto: Jesús de Pablo

domingo 8 de marzo de 2009

Mujer

Madre
Mujer
Hija
Mujer
Hermana
Mujer
Amiga
Mujer
Compañera
Mujer
Trabajadora
Mujer

MUJERES

Jean Ferrat - La femme est l'avenir de l´homme © Temey 1975 (letras, paroles, lyrics)





¿Hay alguien a quien no le haya parido una mujer? Pues eso.

viernes 6 de marzo de 2009

Mãe preta

Están locas. No cabe la menor duda. Ellas dicen que no volverás, que tu barco partió para no regresar. Pero yo sé que es mentira.
A las viejas de la playa les gusta hablar y contar historias que no son ciertas. Cuentan a los pescadores que embarcan por primera vez, que cruzar el Orfeu con luna nueva les traerá desgracias. Pero están locas.
Yo sé que no te marchaste. Que no embarcaste en el barco negro del olvido. Que estás aquí, a mi lado.
Que seguirás viéndome guapa cada mañana. Que bajo nuestro almendro en flor nos sentaremos frente al mar para ver en el horizonte O cabo do Gato. Y mientras, la arena golpeará en los cristales y el fuego danzará en el agua.
Están locas. Ellas dicen que no volverás. Pero todo me dice que sigues junto a mí. El calor de las sábanas que conservan tu olor. El perfume de la retama y las rosas. Las largas noches bajo la luna. Todo hace que estés junto a mí.
Y si un día me abandonas en el barco negro, que sea atravesando el cabo Orfeu bajo la luna nueva.

Ney Matogrosso - Barco negro © WEA 1980 (letras, lyrics, paroles)





Y entonces me convertiré en una vieja de la playa que contará historias. Y dirán que estoy loca. Pero yo sé que es mentira.

viernes 27 de febrero de 2009

Batas blancas y palpaciones

Ella me dijo:
-Han pasado ya siete días y la sigue teniendo usted alta.

Hace unas semanas pasé el reconocimiento médico de empresa. Una rutina un poco molesta pero necesaria. Y también, por qué no decirlo, con cierto morbo. Esa enfermera diciéndote "Desnúdese y túmbese en la camilla" al tiempo que te pone cables por todo el cuerpo y unas pinzas metálicas en las muñecas y los tobillos... Mejor no pensarlo, me puede subir.
Y la doctora que una vez vestido te vuelve a pedir que te desnudes y te vuelvas a tumbar para cogerte los miembros (brazos y piernas) y estirártelos y flexionarlos una y otra vez. Nunca pensé que ir al médico pudiera a uno desarrollarle tanto la imaginación. Pero insisto. Mejor no pensar en aquel día que me puede subir.
Por no hablar de esas batas blancas con sus zuecos a juego y todo ese material médico desplegado por la sala. Jamás imaginé que una consulta pudiese encerrar tantos motivos de felicidad. O por lo menos de satisfacción. Llámenme lo que quieran. Sí, soy una mente calenturienta y enferma. Aunque no me nieguen que hay ciertas cosas que producen un cierto interés malsano. Pero como ya he dicho antes, apartaré esos pensamientos de mi mente para evitar que me suba.

Según la exploración que gustosamente me dejé hacer por parte de la doctora, soy un varón con constitución tipo normosómico, mido 177 cm de estatura (¡he crecido dos en el último año!) y peso 93 Kg. Con todo ello se obtiene que tengo una masa corporal de 29.68, cosa que según ella, indica que tengo un sobrepeso en grado II. Vamos, que más bien estoy ligeramente fondón. Pero solo ligeramente.
Mi piel y mis mucosas ofrecen una coloración e hidratación normal. Mis pupilas son isocóricas y normorreactivas. Esto me tenía preocupado. Antes del reconocimiento pasé unos días que no conciliaba el sueño pensando que lo mismo mis pupilas tenían poco de isocóricas y menos de normorreactivas.
La membrana timpánica bilateral, deslustrada. Eso debe ser que mis membranas deben de tener poco brillo. Pulsos carotídeos normales, no se palpa bocio y no se palpan adenopatías laterocervicales ni supraclaviculares. No se palpa, no se palpa... ¡Bien que palpó ella! Y uno que es buen paciente se dejaba. Pero alejemos pensamientos impuros que me sube.
Murmullo vesicular conservado, abdomen blando y depresible sin visceromegalias. Una pena. Mira que me hacía ilusión a mí lo de tener visceromegalias. Pero nada. Eso sí, por lo visto soy blandito y achuchable. ¡Y palpable! Anímense. Toquen, toquen. Soy blandito cual muñeco de Mimosín.
Carboxihemoglobina alta. El puñetero monóxido del tabaco y la contaminación en general. Faringitis aguda y tensión 150-100 mm/Hg. Y una caries. Que no se me olvide.
Exploración neurológica dentro de los límites de la normalidad. ¿Qué es la normalidad? ¿Soy normal dentro de los límites? ¿Qué límites? Preguntas estas a las que Azucena no supo darme respuesta. Porque ella, se llamaba Azucena. Y tenía una bata blanca y palpaba.

Con este informe me presento a mi médica de cabecera. Ella, que también tiene una bata blanca y palpa pero menos, me dice que tengo descompensada la tensión. Yo la digo que no. Que en casa tenemos todo a 220. Y ella no se ríe. Azucena sí lo hubiera hecho.
Me hace volver en una semana, y yo que soy buen paciente y obediente, vuelvo.
Nueva toma de tensión. Y en ese momento es cuando mis oídos escuchan: "Han pasado ya siete días y la sigue teniendo usted alta". Esa frase que podría ser la que muchos hombres desearían escuchar como auténtico chute para egos masculinos. Esa frase que hubiera sido la envidia del mismísimo dios Priapo, hijo de Adonis y de Afrodita, y con algunos problemas de bragueta. Esa frase que hubiera sido todo un diagnóstico (agradablemente bienvenido) de erecto-sexualidad. Esa frase que en otras circunstancias me hubieran llenado de satisfacción, en esta ocasión no lo hace. Esta vez quiere decir que ando jodidillo. Que soy hipertenso y que ya es hora de cuidarse. Que la edad es muy mala y el no cuidarse peor. Que se quite usted de esto y se quite de lo otro. Que no se olvide usted de tomar la pastillita todas las mañanas. Que se relaje y no se altere. Que no me piense usted ni en batas blancas, ni en enfermeras. ¡Ni en palpaciones!
Que se cuide usted ¡coño! Que todavía es joven.

La Mode - Enfermera de noche © Nuevos Medios 1982





Irremediablemente me he convertido en un soso descafeinado. Pero sigo pensando en batas blancas.

lunes 23 de febrero de 2009

Héroe rosa


Sobremesa de sábado con una de aventuras. O una de romanos. O de indios. O lo que tocase. Hora y pico acompañados de gladiadores, espadachines, princesas, piratas buenos y piratas malos muy malos. Del Capitán Nemo en su Nautilus, John Wayne subido a una diligencia o Burt Lancaster siendo un burlón temible. Ya teníamos héroe nuevo para la semana próxima.

Después bocadillo de Nocilla. Nada de bocata. Bocadillo. Si era invierno, de premio unas castañas asadas. Si era verano lo mismo hasta tocaba un helado. De corte, por supuesto.
Y a ver la Pantera Rosa. Perezosa, holgazana, gafe, gruñona, despistada, anárquica, desordenada, pasota, ingeniosa, divertida...
Mi mayor héroe de infancia.


Los Hermanos Dalton - The Pink Panther © Dro East West 1995





Daría cualquier cosa por volver a ser un niño. Si alguien quiere treinta años, se los regalo.

jueves 19 de febrero de 2009

París promenade

La Place des Vosges. París en el mes de junio. Dos personajes acuden a un especial rendez-vous. Nunca han estado allí antes juntos. Durante algunos instantes se reconocen. Y echan a andar. Place Bastille, Boulevard Henri IV hacia el Sena. Caminan despacio, están muy nerviosos y les cuesta hablar.

Cuando dejan atrás el bullicio para adentrarse en l'Île Saint-Louis, de repente, todo se vuelve más sencillo. Sonríen. Las palabras fluyen despacio mientras pasan por el comercio minúsculo de prensa y postales antiguas, por la tienda de delicatessen que hay un poquito más arriba, justo enfrente de donde ella hace ya tiempo compró aquel bolso que aún le gusta tanto. Y al llegar a la heladería ya ni siquiera ven a los turistas. París se ha vuelto amable, les deja respirar y conocerse, se ha convertido en cómplice. Caminan ahora por el lateral de Notre-Dame sin ver los comercios de souvenirs con espantosas gárgolas de resina. Al entrar en el parvis de la catedral, el sol los va siguiendo mientras, ahora sí, ríen abiertamente.

Raoul Dufy - Tour EiffelAl tomar boulevard Saint-Michel los coches y el ruido se han difuminado. Sólo el museo Cluny y la Sorbonne sobreviven al fundido en gris. Los dos ahora atraviesan la verja y entran en el Jardin de Luxembourg. Nuevamente, mucha gente que no ven. Seguramente hablan de tonterías, de pequeñas cosas sin aparente importancia. Les bateaux à voile del estanque les hacen guiños. Está hermoso el jardín en junio, con las sillas de hierro fundido, los parterres y el pequeño palacio. Salen por un lateral del parque y esta vez, mucho más deprisa, lo bordean por el exterior para dirigirse aux Invalides. Ella también habla ahora muy deprisa. Le da miedo que si deja de hacerlo algo se rompa. Él se limita a mirarla. La cúpula des Invalides, la que da sombra al jardín del museo Rodin, centellea dorada. Ahora es él quien habla y ella quien escucha y mira. Tuercen hacia la izquierda, para encontrar la mole de l'Académie Militaire.

Y allí, al pie des Champs de Mars se redescubren de repente, tan silenciosamente como empezó el viaje. La tour Eiffel contempla a dos personajes nuevos, renacidos, que van acercándose a sus poderosas patas de hierro sin decir una sola palabra. Y la alegría estalla y París murmura y mide y tararea. Un dos tres, un dos tres... En un vals de tres, cuatro, cien, trescientos treinta y tres, mil tiempos diferentes. Y asciende en torbellino por los jet d'eau del Trocadero y sigue girando vertiginosamente por la Avenue Kléber. Y la place de l'Étoile los reconoce y los protege y los abriga en medio del tiovivo y las encrucijadas. Y los árboles des Champs-Elysées se abalanzan para contemplar el ritual acompasado e íntimo de una pareja abrazada besándose como si fueran los protagonistas de un tango.

Guzmán - Guzmán y CíaGuzmán - Calles del viejo París © L. A. MUSIC 1998





Et le ciel de Paris a son secret pour lui. Depuis vingt siècles il est épris de notre Ile Saint Louis. Quand elle lui sourit.il met son habit bleu.

Imagen: Tour Eiffel de Raoul Dufy.

lunes 16 de febrero de 2009

Novias (Maria)

María era todo dulzura y melancolía.

Era fado y saudade.

Era un vestido de conchas.

Ojos azul Tejo,

y algas en la cabellera.

Maria era Lisboa.

En su boca los fados eran más tristes,

y los besos eran más dulces.



MAriza - Fado en mimMariza - Maria Lisboa (letras, lyrics, paroles)© World Connection 2002





Às vezes, em silêncio, os meus pensamentos procuram-te. E quando te encontram, canções tristes invadem-me a alma e a saudade torna-se senhora de mim.